domingo, 12 de febrero de 2012

Doncaster, South Yorkshire, Inglaterra. Enero de 2012.

Hall Cross School.

El tiempo estaba nublado, y parecía que estaba dispuesto a llover. Un viernes. El fin de una agotadora semana. Por fin. Su último examen había sido hacia unas horas, y si lo aprobaba, no tendría que volver a pisar la escuela hasta abril, cuando sería su fiesta de graduación. Esperaba poder hacerlo. Poder largarse de allí bien pronto. Desde que su hermano se había ido, su vida allí solo había ido a peor. Y odiaba eso. Odiaba los cambios. Odiaba que su vida se hubiera convertido en un circulo vicioso de mentira, lujurías e interses. Odiaba tener que ser la hermana de un famoso. Odiaba que su padre ya no viviera con ella. Odiaba que su hermano la hubiera abandonado. Odiaba haber cambiado.

-¡Hailey!-La joven se giró al oir su nombre. Hacia ella venía corriendo su mejor amiga. Con el cabello rizado de aquel color rojo, y sus ojos azules cuál óceano, era la chica más provocativamente guapa que ella conocía-¿No pensabas esperarme?-Le reclamó con aquella voz cantarina que tenía.

-Pensé que irías con el grupo de Deliah a tomar el té, Sam-Se disculpó la chica. Samanta Grey, 17 años. Igual que ella. Mejores amigas desde los 7. Más bien eran casi hermanas. Ella era la única que seguía a su lado por ser Hailey y no Tomlinson. A excepción de Jake.-Además, he quedado con Nate para estudiar-Añadió, mientras miraba en la dirección dónde su novio le esperaba con su recién estrenado coche.

-Oh ya, claro para estudiar-Ironizó su amiga, ganándose un tortazo por parte de Hailey-¡Ay, Tommo eso duele!-Se quejó, ganándose esa mirada asesina que solo lograba poner ella. Odiaba ese apodo. Sobre todo desde que las estúpidas niñitas de su instituto llamaban así a su queridisimo hermano, nótese el sarcasmo en lo de queridisimo.-¿Nos veremos en clase de baile?-Preguntó.

-Claro que sí, sabes que no me lo perdería por nada del mundo. Además, debo recoger también a Lottie y a Felicite.- Le aseguró, mientras veía como su novio comenzaba a desesperarse.-Nos vemos luego ¿Vale? Te quiero-Se despidió con un beso en la mejilla, para luego echarse a correr hacia el chico que había comenzado a robar su corazón. Nathaniel Davis. Alto, guapo, rubio y de ojos negros. Y para nada interesado. En cuánto llego a él, beso sus labios levemente con una sonrisilla-¿Nos vamos?-Preguntó, con una leve sonrisa.


Horas más tardes. Una casa perdida en Doncaster.

-¿Y Hails?-La voz de el muchacho resonó desde el móvil, provocando que la mujer fijara nostalgicamente la mirada en la ventana. Llovía a raudales. Cómo en el diluvio universal. Miro a sus pequeñas gemelas juguetear con uno de los nuevos juguetes que su hijo mayor les había enviado, como si nada pasara.

-No sé dónde está-Su voz tembló ligeramente al pensar en su hija.-No la veo desde que se fue esta mañana, y solo me ha enviado un mensaje para decirme que ella recogerá a Lottie y a Felicite después de sus clases de baile-Le contó, mientras se sentaba en una de las sillas del comedor.-Ha cambiado tanto Louis....-Se lamentó. Por que su hija era maravillosa tal y como había sido hasta hacia unos meses. O al menos eso le parecía a ella. Se llevaban bien, hablaban de todo, y salían juntas. Ahora eso había cambiado. No intercambiaba con ella más que un simple buenos días. No la veía más allá del desayuno.

-Mamá, las cosas han cambiado, es normal que ella haya cambiado-Le consoló su hijo, y ella intentó no derramar ninguna lágrima.

-Lo sé, pero no así. Ni si quiera Lottie lo ha echo. No me habla, a penas está en casa, y ayer me llamo el director del instituto, por que casi pega a una compañera de su clase-Lloró, silenciosamente, para evitar que sus pequeñas se dieran cuenta de que lo hacía-Entiendo que cambie. Pero no de ese modo. Hails nunca fue así Lou. Ella nunca le pegaría a nadie-

-Mamá...-El suspiro del chico quedó interrumpido por el grito de las gemelas. "Hails" gritaron las niñas con una sonrisa de oreja a oreja. La muchacha entró a la casa, empapada de la cabeza a los pies, con Lottie y Felicite a sus espaldas. Vió como dejaba caer su bolso en la entrada, y se desprendía de su abrigo mojado, dejándolo estrategicamente para que no mojara el piso, y abrazando a sus hermanas pequeñas al mismo tiempo.-¿Es ella?-

-Ajá-Masculló la mujer, mientras seguía observandola. Su cabello rubio le caía hasta la mitad de la espalda, ondulado, empapado y brillante. Sus ojos azules, un día brillantes de felicidad las 24 horas del día, ahora solo lo estaba cuando pasaba tiempo con ese novio que tenía, o con sus hermanas. Su cuerpo, ya era el de una mujer desde luego. Se sentía orgullosa de ella. Independientemente de lo que hubiera hecho. De como hubiera cambiado. Vio como se despidió de ellas , y se dirigía a la cocina-Viene, espera un momento, no cuelgues-Le pidió. -Hola-Le saludó, sorprendiendola. El brillo había desaparecido.

-Hola-Saludó secamente mientras caminaba hasta la nevera-¿Hablas con Louis?-Preguntó al fijarse en su mano. Ella solo pudo asentir-Bien, cojeré unas zanahorias y me iré arriba, tengo que terminar el diseño para el vestuario de la actuación benefica.-Anunció, igual que el presentador presenta su telediario. Fría, distante. Cómo si ella no fuera su madre.

-¿Por que no vinistes a comer?-Preguntó, suavemente, sin querer sonar autoritaria.

-Por que quedé con Nate-Vió como echaba en un bol unas cuántas zanahorias. Ella y Louis se parecían tanto. No solo en lo físico. También en lo personal.

-Pero pense....-Comenzó Joahnnah, viendo como su hija se disponía a irse.

-Bueno pensastes mal-La atajó, cortante cual trozo de hielo.-Buenas noches-Se despidió, mientras pasaba a su lado. Su madre la retuvo por el brazo por un momento, y la miro a los ojos, triste. La chica se odio un poco más.

-¿No quieres hablar con tu hermano?-Preguntó,a falta de valor para decirle que la quería. ¿Desde cuando no era capaz de decirselo? ¿En que punto perdió la confianza para hacerlo?

-Dale recuerdos-Sentenció ella, antes de safarse de un movimiento brusco, y caminar hacia las escaleras. La tuvo que ver marchar, en silencio, mientras oía al resto de las chicas corretear , pelear, chillar. Pero ella en ese momento no tenía fuerzas para poner orden. Ni si quiera tenía fuerzas para respirar.

-¿Lo has oído?-Se llevó el móvil a la oreja.

-Tenemos que hacer algo....-Sentenció el muchacho.